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Contratos

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"¿Es más peligroso caerse por una trampilla o volver a enamorarse? ¿Hasta qué punto es peligroso un corazón abierto?" Así reflexionaba la ficticia Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) en una de sus columnas del periódico 'The New York Star'. 

En concreto, en el capítulo 'Hand Holder', Carrie se cuestionaba cuan peligroso es el amor a causa de un accidente que le había ocurrido a su inseparable amiga Samantha Jones (Kim Cattrall). 

El perfil de Samantha es el de una mujer que únicamente admite a los hombres dentro de su actividad sexual, sin dejarles formar parte de cualquier otro ámbito de su vida. Pero, como humana que es, a veces sus normas le sobrepasan y llega la excepción, que tiene nombre y apellidos: Smith Jerrod (Jason Lewis).

Un día, mientras pasean, Smith intenta cogerla de la mano y ella, horrorizada, intenta "hacerle la cobra" (con las manos), aunque no lo consigue y acaba cayéndose por una trampilla. El resultado final acaba siendo una lesión en el tobillo y una empanda mental de las grandes.



(Mira la escena aquí)


A día de hoy, las personas solemos comportarnos de forma indiferente cuando alguien siente el deseo de entrecruzar las manos con nosotros. Esto nos demuestra que no damos importancia a los gestos y que, por ende, no conocemos su verdadero significado (o no lo queremos conocer). Sin embargo, nuestra buena amiga Samantha sabía perfectamente lo que aquel cruce de manos significaba: era el intento de establecer una conexión emocional por parte de su amante.

La sociedad ha cambiado y ya no nos extrañamos del concepto aventura de una noche o relación "me pica - te arrasco si nos conviene a ambos". Son contratos no escritos en los que se promete sexo sin compromiso. Pero...

¿Hasta qué punto estamos seguros de poder cumplir nuestra parte del contrato? 

¿Qué implica renunciar a la química del amor cuando iniciamos una relación? 

¿Podemos ser consecuentes con los contratos no escritos que establecemos? 


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