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Errores jamás cometidos

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La celulitis, los juanetes y las estrías son signos visibles del paso del tiempo. Nos recuerdan que ya no tenemos dieciséis primaveras y que no somos indestructibles, como cuando los excesos no nos pasaban factura. Por ejemplo, a medida que pasa el tiempo, las resacas nos afectan más y ponerse tacones para ir de fiesta ya no suena tan divertido.

Sin embargo, al contrario que nuestro cuerpo, nuestra mente se vuelve cada vez más potente y acumula más saber, al menos durante la adultez. Da igual que el conocimiento provenga del método ensayo - error, de la lógica o del estudio: cada día que pasa nos convertimos en una mejor versión de nosotros mismos.

¿Qué paradójico, verdad?  El cuerpo se destruye y la mente se construye. Y todo, mientras vivimos una realidad dominada por la incertidumbre, en la que ni siquiera tenemos la certeza de cuándo llegará el fin.

Pero, aún con la pesada mochila de la incertidumbre sobre nuestras espaldas, tenemos que seguir adelante. A pesar de que nuestro físico nos traicione con un lumbago o con una dorsalgia.

Imagina qué pasaría si nos quedásemos postrados en la cama en vez de luchar por sobrevivir... Quizá nos lamentásemos toda la vida por no haber hecho nada. Y mejor lamentarse por los errores cometidos que por los jamás cometidos. 
Sale

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