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La melena

Por




A pesar de que desde hace unas horas padezco un exasperante dolor de cabeza en racimo, no puedo evitar acordarme de ti. 

De repente, pienso en la melena de un león, voluminosa e imponente. Lo cierto es que esa melena ronda mis sueños cada noche. Un cabello moreno a veces… y rubio otras. Castaño otras tantas. 

Inevitablemente distingo, en mis sueños, a pesar de los colores, que se trata de tu llamativa cabellera y no de la de un león. Se trata de una melena especial y yo estoy autorizada para acariciarla. Solo yo. De hecho, mis dedos juguetean con tu pelo cuando menos te lo esperas, creando negros tirabuzones que rodean mis falanges. 

Sí, sí. He dicho cuando menos te lo esperas: por las noches, cuando tú duermes. Y me abrazas, no me sueltas. Por eso tengo una inmensa y dura guerra con tu inconsciencia: ella me arropa fuerte con sus brazos mientras mi consciencia, bien despierta, intenta separarte de mi cuerpo para permitirme juguetear con tus rizos.

Finalmente, cuando caigo dormida, prefiero acariciarte la barba, las mejillas y hasta las orejas. Suave y delicadamente. Con una intención juguetona y dulce, hasta adorable. También inocente. Es entonces cuando mi inconsciencia reclama nuevamente tus brazos. Qué haría yo sin tus brazos.
Sale

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