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Perversa inocencia

Por



En una noche otoñal oscura y fría, tú, perfecto y cándido, miras la luna. 
La contemplas con perversa inocencia, la inocencia propia de un niño travieso. 

Tú, pequeño desgraciado, solo te sientes y piensas en la ropa tendida en la calle. 
Entonces, comprendes que la humedad y el viento hacen agonizar a las precarias prendas, del mismo modo que los años hacen agonizar tu vida. 

Después, recuerdas las velas de una tarta, la de tu último cumpleaños. 
Posiblemente, la celebración más triste que has tenido durante el último cuarto de siglo. 
Sale

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