Entrevista a la escritora Pilar Gómez Rodríguez

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'La Colmena', de Camilo José Cela, está ambientada en Madrid, la emblemática capital que ha inspirado a lo largo del tiempo a tantos y tantos genios de la literatura. Frente a esa urbe, protagonista indiscutible de las novelas, se posiciona el humilde extrarradio, la zona de los suburbios y de los barrios obreros. 

A priori, Villaverde o Fuenlabrada parecían no tener cabida en los libros. Sin embargo, la periodista y escritora Pilar Gómez Rodríguez se decidió a romper con esa falsa idea preconcebida. Lo hizo teniendo una única arma y una única compañera en el campo de batalla: su expresiva pluma y la editorial Ediciones Xorki. 

Así surgió  'La carretera de los perros atropellados', su tercer libro, que es una interesante colección de relatos cortos y microrelatos sobre cuentos y leyendas relativos a los pueblos del sur de Madrid. 

Se trata de una publicación que rompe con lo preconcebido y con lo idílico, en la que los escenarios y ambientes no son lugares emblemáticos, sino todo lo contrario. Son pintorescos, humildes, tétricos y grotescos a veces, como 'la Choko de Fuenla' y 'la Lolos de Humanes', dos discotecas ficticias que inevitablemente recuerdan a Fabrik, el conocido espacio multiusos y meca para los amantes de la música electrónica.

Pero los escenarios no son los protagonistas, sino las personas y los perros, que acompañan y dan la mano al lector a lo largo de las páginas del libro. Y es que, el título no es casual: los cánidos juegan un papel muy importante en las tramas, actuando como hilo conductor de las mismas.

Sin más dilación, de corazón os emplazo a su lectura. Pero antes, recupero las preguntas que le hice a su autora en junio de 2013, cuando, con motivo de la publicación del libro, la entrevisté para GENTE, el periódico en el que trabajaba por aquel entonces.


¿De dónde surgió la idea de ambientar tus historias en el extrarradio?

Este libro empezó a tomar forma justo después de publicar mi segundo libro, ' La otra vida de Egon', que trataba sobre la vida del escritor Egon Schiele (discípulo predilecto y después amigo de Gustav Klimt). 

Para escribirlo, tuve que estudiar, leer bastantes catálogos y ver muchas exposiciones. Después de todo aquel trabajo intelectual, comencé a darme cuenta de que había muchas historias que, aunque no tuviesen nada que ver, eran igualmente validas. Comprendí, por ejemplo, que se podía hacer ficción sobre mi barrio, Carabanchel.

Escribí un par de historias acerca de polígonos y de discotecas, de cosas arrabaleras. Aquellas historias eran diferentes, tenían su punto y me gustaron mucho. ¿Por qué no iba a intentarlo? Había mucha más "chicha" para seguir y podía ser curioso darse un rodeo por los pueblos del sur de Madrid. Así me decidí. 


¿Y por qué escribiste sobre esos municipios concretos? 

Por su potencial. La ciudad está desgastada, hemos leído y escrito mucho sobre ella y sus habitantes. Sin embargo, el extraradio tiene más que contar, aquellas zonas están infravaloradas. Nuestras opiniones sobre el sur y los barrios obreros suelen ser negativas y nada literarias.

Quise cambiar eso, recuperando sus nombres para contar historias. 


¿El proceso de escritura fue muy lento?

Sí, pasa mucho tiempo desde que empiezas a escribir hasta que por fin ves el resultado. Y lo peor es que nunca tienes la seguridad de verlo publicado en el futuro. 


Ahora la pregunta que todo escritor novel se hace. ¿Cómo conseguiste que se fijaran en tu libro y lo publicaran? 

Pues tuve la suerte de conocer a mi editor, Carlos Javier González Serrano, en la revista 'Filosofía Hoy'. Yo soy periodista, trabajo en la redacción y él es colaborador. Como él trabajaba en la editorial, le pregunté si leerían mis cuentos y la cosa funcionó, a pesar de que fuese un proyecto algo excéntrico. Normalmente, tú presentas un relato de Parla, otro de Leganés y otro de Alcorcón y lo primero que te dicen es que no. Sin embargo, ellos confiaron en mí y tuvieron la paciencia de leerlo. Les estoy muy agradecida. 


¿Estás contenta con el resultado?

Mucho. Me está dando bastantes alegrías porque hay historias a cuyos protagonistas conozco con su piel y con sus ojos. Son protagonistas reales, como algunas de las historias del libro.


¿Y qué parte del libro sientes como más tuya?

El prólogo, aunque sean solo un par de hojas. Ahí está la explicación de por qué nace esta cosa y reivindico que la gente que vive allí también vive historias que merecen ser contadas. Las historias sobre personas que van y vienen en cercanías no son tan insustanciales cómo parecen. Ellos también cuentan y merecen su hueco. 


¿Cuál es la historia que más va a impactar al lector?

Pues se lo dejaría al lector, que para eso es su trabajo. Sí, se lo dejo a ellos (risas). 


Me gustaría cerrar la entrevista preguntándote cómo descubriste tu pasión por la escritura.

Creo que con toda la naturalidad del mundo. Cuando era pequeña, me di cuenta de que las redacciones del colegio no forman parte de los deberes, sino que eran la mejor parte de aquello. Después, las redacciones se fueron haciendo un poquito más largas y, finalmente, decidí que quería escribir profesionalmente. Por eso estudié Periodismo. 


Y así concluyó aquel simpático y curioso encuentro con la escritora. Simpático por lo agradable y curioso, porque tuvo lugar en una redacción improvisada, en los maravillosos jardines de El Retiro y a las puertas de la Biblioteca Eugenio Trías, justo antes de la presentación oficial del libro.
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