Paris Fashion Week (octubre 2015): Análisis de la última colección de Alber Elbaz para Lanvin (Spring/Summer 2016, Ready-to-wear)

Por



Lanvin es una de las casas de moda más antiguas y reconocidas de París. Su creadora, Jeanne Lanvin, apostó por la sencillez y los colores vivos en el loco y recargado contexto de los años veinte. Acertó de pleno: su empresa se consolidó y su apellido llegó a dar nombre a un color. 

Han pasado 127 años desde la fundación de la maison y sus señas de identidad apenas han cambiado. O al menos eso demuestra el que fuera el último desfile del diseñador israelí Alber Elbaz, ex director creativo de la firma. 

El desfile se celebró un 2 de octubre, en el marco de una Paris Fashion Week, con 68 salidas diferentes y una explosión de color tan grande que nadie dudaría de a qué casa pertenecen los diseños aún desconociendo quién los firmó. 

La sencillez es un rasgo que está presente en casi toda la colección, aunque esta se aprecia, sobre todo, en la elección de las modelos. El diseñador ha buscado intencionadamente maniquís de curvas depuradas, gran altura y rostro andrógino

Con el fin de potenciar esa androginia el diseñador ha optado por un maquillaje en tonos nude y por estilismos capilares sin volumen, ya sea mediante pelos cortos rapados o moños a la altura de la nuca. El resultado: neutralidad en estado puro para dejar brillar a sus diseños por última vez. 

Y, cómo cabía esperar, sus diseños brillaron y algunos hasta lo hicieron literalmente con la aplicación de paillettes en tonos vivos, como el bermellón, el granate o el fucsia. Hasta siete de sus diseños contaron con apliques de lentejuelas, quizás en un guiño a la indumentaria de las flappers y el charlestón, coetánea a la fundación de Lanvin. 




Sin embargo, la esencia de los años veinte no fue la única en presenciarse sobre la pasarela. El creativo también ha querido rescatar los setenta en los estampados y en alguna pata de elefante, presentando hasta quince prendas con reminiscencias a esta época. Estampados coloridos, print animal y serigrafías del nombre de la firma no faltaron.




Por otra parte, como en cualquier otra colección de prêt-à-porter, encontramos una serie de modelos más sencillos y comerciales, orientados a una mujer trabajadora y asidua de la casa, apostando fuerte por los chalecos extralargos con solapa, el traje pantalón, las gabardinas y alguna chaqueta de tweed que recuerda a las popularizadas por la francesa Coco Chanel. 




Probablemente, la parte más espectacular de la colección la conformaron las prendas modeladas sobre maniquí con telas brillantes, formando volúmenes más arquitectónicos y armados, que recuerdan vagamente, o al menos en su mínima expresión, a la forma de trabajar las prendas del maestro español Cristóbal Balenciaga. Por otro lado, la tendencia cut-out, siempre acompañada de plisados y broches también acapara protagonismo.




En definitiva, la colección forma un conjunto mágico (incluyendo los zapatos: salones de punta y charol, merceditas, botas altas de caña ancha y algún botín de ante con estética boho), sin saltos muy bruscos pero con muchos contrastes que se aprecian hasta en la música elegida para la puesta en escena.

En concreto, las modelos desfilan a ritmo de música electrónica intercalada con rancheras mexicanas. Una mezcla que, como poco, sorprende al espectador y da paso al saludo, o mejor dicho, despedida de Albert Elbaz, quien se acerca despacio, tambaleándose y cabizbajo. Parecía premonitorio, decir adiós siempre es doloroso.





Fotografías: Lanvin, Vogue

Bibliografía: YODONA.COM (2015). 'Alber Elbaz dice adiós a Lanvin' en El Mundo.
Sale

No hay comentarios

Cuéntame tu opinión aquí: