Crónica de Visitantes y Motel Forever en La Mala

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El pasado sábado 13 de febrero, Visitantes y Motel Forever se dieron cita con el público madrileño en la sala La Mala, en la zona de Campamento. 

Aunque el tiempo no acompañaba a causa del frío y la lluvia, las ganas de escuchar buena música no faltaban entre los asistentes. Lo cierto es que el ambiente tenía encanto, La Mala es una sala acogedora y con mucho rollo. Es una auténtica lástima que mi cámara me abandonase en el peor momento, pues la estampa habría sido bonita. 

La banda de rock urbano Visitantes, formada por los turolenses Alberto Arnau (guitarra y voz), Rubén Fernández (bajo) y Gustavo Ramos (batería), con cinco discos a sus espaldas, fue la encargada de abrir el telón. 

Lo hizo con "Atómica", la primera canción de su último disco ‘Esplendor Democracia y Olvido’ (2016). El tema comenzó con un potente riff que sirvió para demostrar algo: este grupo es más que una estética urbana. 

Inmediatamente después, se escuchó "Un hombre nada más", que favoreció a Rubén con el bajo al final de la canción. Posteriormente, sonaron "Nueve" y "Colgao Bocabajo" para, siguiendo con la garra que les caracteriza, dar paso a "Envuelto en Llamas", especialmente pegadizo por su melodía y segundas voces en el estribillo.

"No Pares" tomó el testigo para después dárselo a "Bad Boy", la historia de un hombre muy malo que se fue de copas con el demonio. Este fue, sin duda, uno de los temas más esperados por el público.

"Acorralado", un corte de su penúltimo disco, ‘Invasión’ (2013), fue el siguiente en sonar. A continuación, una enternecedora y sentida dedicatoria a Lemmy Kilmister, el recién fallecido líder de Motörhead, introdujo "Navegando".

"Cazador", "Bandera Negra II" y "Alrededor del Kaos" hicieron de preludio a "Borregos al Corral", que sirvió como despedida de los de Teruel, en colaboración con Ricardo Alonso, vocalista de la banda anfitriona. El tema fue de locura: las voces potentes y desgarradoras de los dos cantantes congeniaban perfectamente. Y es que, como dice la letra: están como cabras, ¡ya lo decía mamá!

Después, le tocó el turno a Motel Forever, una formación madrileña con más de doce años de recorrido. Ricardo Alonso (voz), Javier L. Pulido (guitarra), Alberto Marrodan (bajo) F. Javier Torrequemada (batería) y Jesús Sepúlveda (piano) forman un conjunto magnético. Su sonido es un rock con tintes de soul e influencias setenteras, acompañado por armónica, panderetas y maracas en alguna ocasión.

Diez, un número redondo, fueron los temas que tocaron, empezando por "Magnum 44", que les hizo brillar. Sobre todo, gracias a su genial puesta en escena, su voz rasgada -con una poderosa técnica vocal, dicho sea de paso- y sus magníficos solos.

Ricardo, el cantante, en su colaboración con Visitantes, ya había demostrado que es todo un showman y, a medida que iba sonando su repertorio, lo iba dejando cada vez más claro.

"Mona Lisa" fue el segundo corte y destacó por tener influencias del blues en sus notas. Le siguieron "Demasiado tarde" y "Perdón on the Rocks", pero la protagonista indiscutible fue "Lágrimas de Cristal", la balada rock de la noche. Ya se sabe que las mejores baladas son las compuestas por los tipos duros…

"El Vals de los Mendigos", en una línea parecida a la anterior, también se ganó al público y lo preparó para lo que venía después. "Más de lo que Tú me Das", otro tema con reminiscencias del blues y gritos imposibles que Ricardo hacía posibles. 

Junto a la dedicatoria a Lemmy, el otro momento emotivo de la noche llegó con la canción "Motel Forever", que tiene tantos años como la banda y destaca por sus armonías impecables y su genial solo con armónica. Lo cierto es que, al compararla con sus temas más actuales, se aprecia la evolución de la banda durante su larga trayectoria.

Al sonido de "Molly", al estilo del más puro rock and roll, la banda comenzaba decir adiós. Y, finalmente, con "Qué fue de tu Alma" se despidió.

Al terminar ambos grupos posaron juntos para la posteridad. En definitiva, fue una noche agradable y para recordar, repleta de rock en estado puro, compañerismo y buena vibra.


Crónica originalmente publicada en La Heavy 381.
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