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Terceros en discordia

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Desde hace tiempo no puedo parar de pensar en las relaciones. Supongo que lo ideal en una pareja monógama sería poder ser el uno para el otro y que nadie más tuviese derecho a desear a ninguno de los dos miembros del tándem. Pues, para qué negarlo, cuando otra persona se fija en nuestra pareja, nos provoca rabia en el mejor de los casos y dolor en el peor de ellos. 

Sin embargo, debemos aceptar que las personas tienen algo llamado libre albedrío. Precisamente, aquello que nos impulsa a mantener una relación o, en definitiva, a firmar un contrato emocional en el que no existen cláusulas ni condiciones por escrito. 

De modo que los demás, al igual que lo somos nosotros, son libres para amar y desear a quien les venga en gana, aunque sea nuestra pareja. Y aunque, tú, ella o yo creamos que nuestra pareja nos pertenece, no es cierto: no nos pertenece, sino que ha decidido unirse a nosotros por decisión y voluntad propia, haciendo uso de ese libre albedrío que tanto miedo nos da a veces.

Quizá, ante una situación como esta, en la que un tercero se encapricha de nuestra pareja, en vez de morirnos de miedo y encelarnos, deberíamos confiar en nuestro compañero sentimental. Quizá, deberíamos confiar en que su elección, la de estar con nosotros, no ha cambiado ni tiene porque hacerlo solo porque otra persona se fije en él. Quizá, esa sea una postura mucho más sana, aunque duela.
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