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¡Más series originales para televisión, por favor!

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Hace ya tiempo desde que veo a través de Internet todas las series que consumo. Pero no sé si, como a mí, te ha pasado alguna vez que, tras un día largo, te dispones a sentarte en el cómodo sofá de tu salón, frente al televisor, con el fin de encontrar un programa entretenido y... ¡No encuentras nada que te llame especialmente la atención!

Tras reflexionar un poco sobre lo visto, he notado un aumento de emisión de dos tipos de producciones en la pequeña pantalla: estas son las policíacas y, como a mí me gusta llamarlas, “las de médicos”. Voy al canal A y me encuentro con dos policías, uno bueno y otro macarra, que investigan casos. Cambio al B y un equipo de San Francisco resuelve crímenes mientras sus componentes lidian con sus problemas personales. Llego al C y en el Hospital St. Bridget Memorial encuentro médicos buenorros que se lían entre ellos.

¿Qué ha pasado con las series originales? ¿Con esas que te mantenían pegado a la televisión gracias a su argumento hasta que la publicidad hacía que te fueras al Himalaya y volvieras a tiempo para la vuelta?

Y ojo, no estoy diciendo que una serie policíaca de investigación o una “de médicos” no pueda ser original, véase el caso de 'Sherlock'. Estoy diciendo que la narración sigue desde hace unos años la misma pauta: presentación del caso, investigación de las pruebas, captura de un sospechoso que luego resulta no ser el asesino, descubrimiento de la prueba o información concluyente y revelación del culpable -si se encarcela o no depende de cuántos capítulos más va a durar el villano en cuestión-. Es decir, que ni el contenido ni la forma de este tipo de series son novedosos.

Ahora, retrocedamos en el tiempo y comparemos. Una de las épocas doradas de las series en televisión acabó hace unos seis o siete años. Comenzó con series como 'Los Soprano' (1999), que narraba la vida de un padre de familia mafioso de origen italiano en Nueva Jersey. Su estilo tragicómico, sus personajes y sus tramas sorprendentes se mantuvieron en el candelero por seis temporadas.




'A dos metros bajo tierra' comenzó en 2001 y, hasta entonces, nunca hubiera imaginado que la historia de una familia que regenta una funeraria pudiera ser tan interesante y atrayente. Es de este tipo de series que te mueven por dentro debido a sus giros argumentales. Debo confesar que con su final en la quinta temporada lloré como una magdalena durante más de quince minutos.




'Perdidos' (2004) también fue una gran serie de inicios de milenio, sorprendente hasta dejar en shock al espectador por varios minutos, con un avión que se cae en medio de una isla misteriosa y un grupo de gente completamente diferente que debe sobrevivir a lo que se le presenta. A pesar de que su final en 2010 generó polémica, hay que admitir que poseía un guión excelente, fresco y, sobre todo, original. Un adjetivo con el que, por desgracia, no se puede calificar a las series actuales.




En los tiempos que corren es difícil conseguir un aumento de la audiencia en los canales públicos. Sobre todo teniendo en cuenta la batalla que estos tienen que librar con los canales privados, cada vez más personalizados y cuyo auge continúa. Pero no imposible, señores guionistas. Ofrezcan algo que nunca hayamos visto y que nos deje de nuevo impactados. Ahí lo dejo.
Sale

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